Don Francisco se levanta muy temprano cada mañana en un pueblito cercano a Teotihuacán, Estado de México; hace un poco de frío, pero él está acostumbrado, se para a observar a su alrededor y su memoria se remonta a la fecha cuando construyó su casa, con el mismo procedimiento con el que los pájaros hacen sus nidos. El sol comienza a calentar y se transporta 60 años atrás, cuando ser albañil le daba de comer a él y a su familia. Le pide a su bisnieto que busque en internet la palabra adobe, y éste le contesta: “Es una empresa de software”. Desentendido, Panchito entristece, pues sabe que nadie reconocerá el gran esfuerzo de toda una vida.
Innumerables personalidades han hecho una definición del deporte más popular del planeta: Eduardo Galeano, Juan Villoro y Günter Grass. Con sus palabras otros nos han llevado hasta el lugar del partido, como Fernando Marcos, Ángel Fernández y Fernando Luengas, pero los que nos han hecho amarlo han sido Pelé, Beckenbauer, Cruyff, Maradona, Messi, Ronaldo y, afortunadamente, decenas de apellidos más.
En la primaria tuve nueve maestros por diversas razones, desde los suplentes por gravidez hasta quienes cubrieron un ciclo completo. Entonces el profesor era el gurú, el guía, el famoso y muy apreciado. Algunos hicieron amistad con vecinos y cuando los visitaban el chiquillerío armaba tal alboroto que se creía alguien de alta alcurnia llegaba a la colonia.
Hace un mes, cuando se perfilaba el cierre de campañas, el partido del Morena tenía enormes aspiraciones en Oaxaca, ese estado del que muchos de repente recordaron su existencia hace una semana tras los lamentables acontecimientos en Nochixtlán, pues nunca han ido a dejar un poco de sus sueldos para activar la economía de un lugar donde la pobreza duele.