El peral da peras, el olmo, no.
Utopía, la tierra de la perfección. Nunca ha sido más que una fantasía. No es posible encontrarla, obtenerla. Lograrla. Algunos seres humanos a través de las edades se han convertido en administradores frenéticos de panaceas. De utopías. Aseguran siempre que lograrán que las personas seamos mejores. Que vivamos en un mundo mejor. Nunca lo han logrado. Menos que sea perdurable. Ni en la corte del Rey Arturo y su “Camelot” fueron perfectos.
