Domingo, 19 Mayo 2019

Viernes, 05 Junio 2015 11:22

Pagar un buffet…el derecho a desperdiciar.

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"Debemos cambiar nuestro estilo de vida, incluido el alimentario, que en tantas áreas del planeta está marcado por el consumismo, el desperdicio y el despilfarro de alimentos” Papa Francisco.

El desperdicio de alimentos no es sino uno de los frutos de la “cultura del descarte” que a menudo lleva a sacrificar hombres y mujeres a los ídolos de las ganancias y del consumo; un triste signo de la globalización de la indiferencia.

Existen datos alarmantes sobre el hambre en México que son de reflexión, aunque el sentimiento de tristeza al ver a los seres humanos desperdiciando de forma sistemática un alimento deja ver los entre telones de una sociedad ajena a los sentimientos de la nación.

Somos un Pueblo bañado por las riquezas naturales qué ésta tierra prodigio nos da a manos llenas y parece que no se cansa de seguirlo dando. A este bendición se le suma la mano del mexicano que por naturaleza misma trae en su ser el donde la cocina. Verdaderos artistas que crean desde los tiempos primeros obras de arte que huele, saben, se sienten a través de la textura del baluarte gastronómico de las cocinas mexicanas.

La historia de esta crónica comienza con las madrugadas de un grupo de mexicanos; unos en el arado, cultivo y cosecha de los bellos tomates, las papas y las cebollas, los potentes chiles, la crianza de los ganados y aves.

La otra cara la representan aquellos con los que comparto profesión, mis compañeros y hermanos cocineros y cocineras… Son las 11 de la noche y han llegado aquellos que cubren el turno nocturno de los hoteles, restaurantes, centros de consumo, comedores industriales, barcos hotel de las grandes plataformas petroleras; a iniciado la danza de los cuchillos, las ollas y los sartenes, los fogones a tope anuncian que los sabores se van a mezclar; será un trabajo duro para “salir” a la hora comprometida, serán las 6 de la mañana cuando las puertas abran para recibir a nuestro clientes.

Ya ha amanecido, clientes de toda la vida han entrado a tomar su café con pan, el periódico y las nuevas del día, es la cara de la gente amable. Algunos solo a la carta un breve desayuno, otros con más hambre el buffet. Entra una  familia y  observamos a lo lejos  como los padres ponen orden

 –solo lo que van a comer- sentencia la mamá quien no permite se coma ni más ni menos. Lastimosamente no es una constante dentro del servicio de alimentos y bebidas.

Aunque la industria de la hospitalidad tiene contemplado dentro del costo de un buffet el exceso que en palabras más reales es el desperdicio y abuso de los productos ofrecidos, algo que no se ha podido llevar a cabo es la labor de la sensibilización y penalización de este tipo de conductas ofensivas.

El derecho a desperdiciar no está incluido en ningún precio ni de la carta ni del buffet.

 Podría sonar un abuso que alguien ingiera de un trago una jarra de jugo de naranja, tal vez el abuso sea en la digestión personal pero al fin y al cabo lo consumió, sin embargo, aquellas personas que sirve en un plato la demostración más vil de un cerro retorcido por la granola, la miel, la fruta el yogurt invita a una seria reflexión. Aun así duele más observar como son 2 o 3 los bocados que se consume de aquel plato. Ha regresado la fruta que toda la noche se pelo corto y acomodo, directa a la basura – no es de dios- mi compañero de cocina dice en voz más que alta.

-Tráiganos 6 platos de 10 enchiladas al centro por favor para ir empezando-; es el trágico pedido de las damas de sociedad que esa mañana visitan el buffet. El problema no son las enchiladas, muy por el contrario la cuestión es el gran número de platillos que ofrece el buffet y que sin lugar a dudas provocan antojo, uno quiere y desea probar todo, pero ¿y las 10 enchiladas? Al paso de los minutos las tortillas húmedas por la salsa, la crema y el queso se vuelven poco vistosas, también se ven rebasadas por los otros platillos. ¿Quién se resiste a la barbacoa, la pancita, unos motuleños, cerdo en verde con verdolagas? Es cuando el fúnebre camino a la cocina comienza a la voz del sofoco que pide que el vendedor vaya a la mesa y le digan  al mesero vendedor – nos retira los platos por favor-Una vez más entran a mi cocina platos “atiborrados” de comida sin comer, de alimentos sin probar.

El hambre en México.

“Población nacional: 112, 336,538 millones de personas, una de esas personas es el hombre más rico del mundo.”

México es considerado un país con una economía creciente y forma parte del G20 al ser  la 14va economía del mundo. La OCDE y la OMC evalúan a los mexicanos como los que traban más duro en términos de número de horas trabajadas al año, en comparación con el resto del mundo. Según la OCDE, México es el segundo país con mayor desigualdad económica. 45.5%  de la población (53.3 millones de personas) vive en condiciones de pobreza de las cuales 9.8%  (11.5 millones) viven en pobreza extrema. El 23.3% (27 millones) de la población vive en pobreza alimentaria y el 12.5% sufre desnutrición crónica. México es un país en el que se padece hambre. Cada año enferman y mueren miles de personas porque no tienen una ingesta suficiente ni adecuada de alimentos, como resultado principalmente de las persistentes condiciones de pobreza, rezago social, marginación y discriminación que privan en todo el país. ¿Pero entonces porque desperdiciamos? ¿Qué acto de conciencia perdida tiene esta nación cuya población observa la miseria en cada calle?

Tal vez en el ámbito privado la sensibilidad ante el desperdicio que sancione a aquellos que tiran por tirar la comida podría ser un BASTA ante esta situación. La utilización de campañas en las empresas de la mano con las fundaciones de asistencia social que apoyen a generar un NO al desperdicio y un SI a la donación virtual de buffets o platillos sea el camino correcto a este terrible mal.

El reto del hambre y de la malnutrición no tiene sólo una dimensión económica o científica, que se refiere a los aspectos cuantitativos y cualitativos de la cadena alimentaria, sino también y sobre todo una dimensión ética y antropológica". Educar en la solidaridad significa entonces educarnos en la humanidad. Apoyar y proteger a la familia para que eduque a la solidaridad y al respeto es un paso decisivo para caminar hacia una sociedad más equitativa y humana".

Ha sido como siempre un placer estar en contacto con usted, como siempre le envió un cordial saludo y ya sabe… ¡nos comemos la próxima semana!

La selección de los indicadores para elaborar esta crónica se apegó a los siguientes criterios: 1) provienen de fuentes oficiales o de organismos internacionales; 2) son datos con representatividad nacional; 3) son datos con rastreabilidad, con la misma metodología durante los últimos diez años. Algunos de los datos utilizados en este texto son material del Centro de Estudios e Investigación en Desarrollo y Asistencia Social.

 

Imagen de: aromasperuanos.com

 

Raymundo Márquez

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