Don Francisco se levanta muy temprano cada mañana en un pueblito cercano a Teotihuacán, Estado de México; hace un poco de frío, pero él está acostumbrado, se para a observar a su alrededor y su memoria se remonta a la fecha cuando construyó su casa, con el mismo procedimiento con el que los pájaros hacen sus nidos. El sol comienza a calentar y se transporta 60 años atrás, cuando ser albañil le daba de comer a él y a su familia. Le pide a su bisnieto que busque en internet la palabra adobe, y éste le contesta: “Es una empresa de software”. Desentendido, Panchito entristece, pues sabe que nadie reconocerá el gran esfuerzo de toda una vida.

En el fondo se escucha música ranchera, la pantalla en sepia proyecta al México de 1940, una triste nación que aún conserva los estragos de una convulsión revolucionaria; los agricultores comienzan a cambiar azadones y canastas por overoles y herramientas. De lo agrícola a lo industrial, de lo rural a lo urbano.

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