Son las 5:30 de la mañana en la Unidad habitacional Agua Santa, la madrugada tiene un olor a tierra mojada por las lluvias de mayo que en los últimos días agobian la urbe poblana, al fondo, la penumbra de la habitación era el marco de un beso de despedida para los gemelos de apenas 1 año 8 meses que Ángel dejaba para poder ir a ganarse la vida.
