Mucho se ha escrito sobre la eterna suspirante al gobierno de Tlaxcala Ana Lilia Rivera y su fastidiosa forma de intentar llamar la atención de la opinión pública en su estado natal Tlaxcala.
Se ha colgado absolutamente de todo lo que ha podido sin ella hacer el menor esfuerzo por destacar con luz propia.
Se ha dedicado a despotricar del grupo gobernante pese a que son del mismo partido, no obstante, dice que ahora sí ella es el ‘cambio verdadero’.
Se ha colgado del discurso de Claudia Sheinbaum en todo.
Se ha colgado del discurso de Andrés Manuel López Obrador cada que puede.
Un día saca un comunicado de respaldo a la soberanía del país, pero se queda callada cuando México mete sus narices en Bolivia, Argentina, España y Estados Unidos como sucedió con los actos de morena en los consulados del vecino país del norte.
Otro día dice que respalda la soberanía del campo pero acto seguido se queda callada con la represión de campesinos que exigen mejores condiciones.
Al día siguiente sale a llamar al ‘blindaje de la honestidad’ pero en sus actos, desesperada hace alianzas con impresentables del PRI, PAN o PRD e incluso se presenta en eventos de abogados del crimen organizado.
Despúes respalda la ‘solidez’ de Luisa Alcalde en la Consejería Jurídica de Sheinbaum pese a ser uno de los mejores ejemplos de nepotismo en México, así como sus vínculos con los casinos otorgados a familiares del líder del cártel de la barredora.
Luego llama a profundizar la ‘transformación’ cuando desde su oficina en la presidencia de la Comisión de Defensa Nacional, la que fuera su mano derecha orquestaba negocios de renta de espacios para premios en el Senado de la República.
De esta manera la senadora que califica como estúpidos a quienes la cuestionan, está moralmente derrotada.
Y está derrotada porque ahora huye de la prensa para no tropezar más, insulta a quien no piensa como ella y hasta les dice arrastrados como sucedió cuando declaró que el poder ejecutivo manda, los diputados obedecen y el poder judicial se arrastra.
Minimiza las crisis de los campesinos y sus necesidades, por ello, su derrota moral radica no sólo en hacerse de la vista gorda ante esas necesidades, sino que sólo usa la lucha campesina para jalar reflector electoral.
Está derrotada moralmente porque dona computadoras que no son suyas como sucedió con la delegación de Taiwán que obsequió equipos de cómputo y ella se colgó del programa.
Por cierto, ella no sabía ni dónde se ubicaba Taiwán en un mapa, al grado de confundirlo con un estado de la república.
Más recientemente, nuestro personaje presumió la donación de luminarias en Calpulalpan cuando apenas hace un par de meses decia que no podía donar nada bajo la excusa de que ella no tiene presupuesto para esas necesidades, por fin ¿puede o no puede?
Es así como antes de comenzar la verdadera lucha por la coordinación estatal de Morena en Tlaxcala, la Senadora arranca moralmente derrotada, porque tampoco se le ve en las verdaderas crisis que azotan a su estado.
No estuvo en las más recientes inundaciones, tampoco estuvo en el histórico y mortífero incendio en el municipio de Altazanca, menos acompañó a los campesinos reprimidos en la lucha por el campo, de la inseguridad y crisis de salud o económica que atraviesa el estado mejor ni hablamos.
Cuando la clase política tiene más pretextos que soluciones, evasivas que respuestas, o más propaganda que proyecto de estado, están moralmente derrotados, porque no tienen nada que ofrecer a la sociedad.
Eso es Ana Lilia, una política moralmente derrotada.






