Donde radica la pobreza
Dicen que muchos recuerdan el primer beso, pero para un servidor es más trascendente el primer libro leído. En mi caso Los relámpagos de agosto y La ley de Herodes (venían en un solo tomo) alumbró mis años mozos; el maestro Ibargüengoitia hizo crecer en mí el amor por la lectura a mis nueve años; más tarde, en un afán por llevar la lectura a los sectores populares, la SEP y otras editoriales lanzaron en quioscos una hermosa colección rústica de Lecturas Mexicanas, que en diferentes series retomó lo que un día Ulises Criollo quiso hacer.

