La vieja, la nueva y la auténtica izquierda
Siempre he simpatizado con las buenas ideas del pensamiento político de izquierda. Sólo las buenas, no con todas ni con las extremas, como pelearse con los dueños del dinero, por ejemplo. Tuve oportunidad de conocer las mil y una formas en que se aplicó el marxismo al visitar personalmente lugares históricos y cercanos, como Cuba, o los más lejanos —el caso de China— para conocer directamente sin el famoso “dicen que”.

