Reportajes

  • El negocio de los disfraces, la historia familiar que fortaleció una pequeña empresa

    El microbús acaba de traspasar la línea imaginaria que divide el Centro histórico del popular barrio de La Lagunilla, entre vestidos de presentación y novias. Dos madres jóvenes de clase platican preocupadas, pues se acerca el Día de Muertos y los hijos ya hicieron su pedido anual: dos disfraces de los personajes de moda de una caricatura japonesa enriquecida por una popular aplicación; eso ejerce presión por satisfacer a los vástagos, incluso más que los juguetes de Reyes. Van a un local que desde hace más de 30 años se ocupa de fabricar disfraces y ropa típica, con una meteórica trayectoria que pasó del fracaso de negocios previos al éxito.

  • Una noche de nostalgia con Rock en tu idioma sinfónico

    Corría la década de los ochenta y los especialistas musicales de entonces decían que el rock no podía cantarse en español, si no eran los viejos covers de aquel rocabilly cincuentero, hasta que un grupo de chavos —que hoy ya no lo son— de Hispanoamérica demostró la falsedad de tal afirmación. La fría noche de este 25 de agosto fue la segunda presentación de algunos pioneros que con nuevos arreglos rememoraron las tocadas en lugares desaparecidos como el Hip 70, el mítico Rocotitlán, el inolvidable Rockstock y al final en la etílica Diabla.

  • De la tierra crecieron los cimientos. Las casitas de lodo

    Don Francisco se levanta muy temprano cada mañana en un pueblito cercano a Teotihuacán, Estado de México; hace un poco de frío, pero él está acostumbrado, se para a observar a su alrededor y su memoria se remonta a la fecha cuando construyó su casa, con el mismo procedimiento con el que los pájaros hacen sus nidos. El sol comienza a calentar y se transporta 60 años atrás, cuando ser albañil le daba de comer a él y a su familia. Le pide a su bisnieto que busque en internet la palabra adobe, y éste le contesta: “Es una empresa de software”. Desentendido, Panchito entristece, pues sabe que nadie reconocerá el gran esfuerzo de toda una vida.

  • Jardines de Morelos o cuando el futuro se predijo

    Es mediados de la década ochentera del siglo pasado, el canal 4 de televisión anuncia un nuevo fraccionamiento donde el aire es limpio, hay agua en abundancia, dos mil familias disfrutan ya de lo más moderno en urbanización y ven crecer a sus hijos para compartir sus sueños: “sea propietario hoy, ellos necesitan la seguridad que su decisión les dará: kínder, primaria y secundaria; venga por Avenida Central, nuestro señalamiento lo guiará. Jardines de Morelos, ciudad del futuro.”

  • El viejo estigma de tener hijos sin casarse

    En el fondo se escucha música ranchera, la pantalla en sepia proyecta al México de 1940, una triste nación que aún conserva los estragos de una convulsión revolucionaria; los agricultores comienzan a cambiar azadones y canastas por overoles y herramientas. De lo agrícola a lo industrial, de lo rural a lo urbano.

  • Ángeles sin alas. Una noche por la que nadie quiere pasar

    Si no hubiera sido por los pasos que entre sueños comenzó a escuchar justo al lado de su cabeza y que terminaron por despertarla, Tere seguiría dormida. No es que alguien caminara sobre su almohada, más bien había dormido en el frío suelo al lado de una cama de hospital y del tripie que sostenía en lo alto la bolsa de solución salina –suero, como solemos llamarle– conectada por una manguera y finalmente por la aguja a una vena de la muñeca izquierda de su tía.

  • El movimiento sonidero llega a la galería

    El estribillo de conocida canción empieza a sonar en la única pantalla de la Galería José María Velasco: “Yo quiero bailar muchachos la guaracha sabrosona…”, Es en este lugar el mero corazón urbano del movimiento guapachoso en donde se expone Los sonideros, una tradición urbana.

  • Los dulces poblanos, tradición centenaria de obligada prueba

    Puebla se viste de colores y sabores en una sola de sus calles, quizás la más famosa del estado, donde miles de turistas acuden cualquier día de la semana, decorada por cientos de abejas atraídas por el azúcar de los productos regionales; basta con preguntar por la calle de los dulces en el centro histórico de Santa Clara, Puebla, para que todo mundo indique cómo llegar.

  • Ya nadie tiene quien le escriba

    Éste es el siglo XXI, época en que la tecnología ha rebasado toda comunicación tradicional interpersonal en la sociedad. Las personas redactan y plasman sus sentimientos a través de un teclado, micrófono o pantalla; las cartas están en peligro de extinción si es que hay quien aún las escriba, y es que si éstas no son hechas de puño y letra se pierde ese sello personal de intimidad que las define.