El negocio de los disfraces, la historia familiar que fortaleció una pequeña empresa
El microbús acaba de traspasar la línea imaginaria que divide el Centro histórico del popular barrio de La Lagunilla, entre vestidos de presentación y novias. Dos madres jóvenes de clase platican preocupadas, pues se acerca el Día de Muertos y los hijos ya hicieron su pedido anual: dos disfraces de los personajes de moda de una caricatura japonesa enriquecida por una popular aplicación; eso ejerce presión por satisfacer a los vástagos, incluso más que los juguetes de Reyes. Van a un local que desde hace más de 30 años se ocupa de fabricar disfraces y ropa típica, con una meteórica trayectoria que pasó del fracaso de negocios previos al éxito.
